Por Mariela Arias y Diego Cabot.
Bienes millonarios ¿Cómo se puede recuperar el dinero de la corrupción en la Argentina?
Para que haya una sentencia en un expediente en el que se juzga la corrupción hay que armarse de paciencia, dejar pasar un par de mundiales, varias olimpíadas y, recién entonces, ver si hay culpables e inocentes. En caso de que los haya, empieza otra batalla: recuperar el dinero suficiente como para compensar las pérdidas. Pasará otro mundial. Semejante plazo entre la comisión de un delito y la posibilidad de cobrar genera una enorme ventana de tiempo en la que los corruptos pueden esconder todo el patrimonio posible. Con la vara de escrúpulos cerca del piso y mucho dinero mal habido, no hay que ser un fino observador para entender cómo se usa ese tiempo regalado con el que cuentan los condenados. Recuperar el dinero de la corrupción es, por ahora, una materia pendiente. El decomiso, la figura que está en debate, no está desarrollada como otras tantas en el derecho argentino. De hecho, los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola, en el juicio por Vialidad, que terminó con una condena a Cristina Kirchner y su prisión domiciliaria, hacen camino con la aplicación de la ley. “El decomiso es una accesoria a cualquier pena mayor a tres años -dice Félix Lonigro, abogado especialista en derecho constitucional-. La Justicia, primero, procede a intimar a los condenados a abonar el monto de la condena y, si no lo hacen, procede al embargo de sus bienes”. Luego de ser decomisados, siempre que haya sentencia firme, es decir, al menos después de tres mundiales de fútbol, quedan a disposición de la Corte, que será finalmente la que defina el destino de esos bienes. “El máximo tribunal dispone y sobre todo en casos de corrupción ya que muchas veces no hay afectados directos, sino que es la sociedad la afectada”, explica Lonigro.
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Cristina Fernández
de KirchnerExpresidenta
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El Calafate
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Río Gallegos
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Las propiedades de la expresidenta. El departamento de Juncal y Uruguay, en Recoleta, y los emblemáticos hoteles Los Sauces y Las Dunas en El Calafate, algunos de los bienes de Cristina Kirchner
En casos como el narcotráfico, el decomiso puede ser autónomo, es decir, es posible que no haya una condena penal definitiva. Si finalmente se decomisa el dinero, la Corte Suprema determina su depósito en el Banco Nación, hasta que decida el destino de ese dinero. Uno de los casos más conocidos de decomiso es el de mercadería de contrabando que hace la Aduana. Posteriormente la acopia y sale a la venta en remates de rezagos. En ese mundo no existe la política y la dilación como defensa: se retira el producto y se vende. Marcelo Gioffre, escritor, periodista y abogado, sostiene que la evaporación de los bienes durante el proceso es un problema que va mucho más allá de los casos de corrupción: “En las quiebras o los concursos sucede lo mismo. Durante juicios, que suelen durar mucho tiempo, la parte deudora suele tener muchas herramientas como para disponer de parte importante del patrimonio. Finalmente, los acreedores terminan por no cobrar todos sus créditos”. Ese problema estructural de la Justicia, claramente, tiende a acentuarse en los casos de corrupción. “La interpretación de los jueces respecto del instituto del decomiso es muy restrictiva. En Estados Unidos, por caso, es más amplia. El juez hace cosas que acá pueden parecer muy raras, como en el caso de los bonistas o de YPF, que hasta embargaron una fragata, pero en la Argentina se cuidan mucho. El problema es que haya jurisdicciones que se puedan pasar de la raya y usen este tipo de herramientas como intimidatorias. Además, un políticamente expuesto tiene poco a su nombre. Lo que es visible de un político es muy poco respecto de lo que hay. En general, es imposible cobrar”, argumenta Gioffre. Luciani y Mola, justamente, transitan por el laberinto que significa cobrar a un político. El 18 de noviembre, el tribunal que condenó a Cristina Kirchner y a Lázaro Báez, entre otros, en el caso Vialidad, firmó una resolución. Fue a requisitoria de una presentación de los fiscales que empezaron a plantear la figura del decomiso del valor equivalente. Esta doctrina sostiene que se debe responder no solo con los bienes implicados en el delito o que fueron utilizados para la comisión del delito sino todos los que sirvan para reponer al Estado por la defraudación ocasionada. Los fiscales empezaron a mirar ya no solo los bienes registrados a nombre de los condenados, sino que ampliaron el radio de estudio también a aquellos que fueron adquiridos en el período en el que se cometió la defraudación.


En El Calafate. El terreno de Punta Soberana fue un condominio con Lázaro Báez; el 50% ya fue rematado en la quiebra de Austral Construcciones y la otra mitad pasó a manos de Máximo y Florencia Kirchner luego de la sucesión
Como se dijo, los fiscales se abren paso machete en mano. Sucede que el decomiso del valor equivalente no está legislado y será, en todo caso, desarrollo jurisprudencial. “Estamos como desmalezando; la Argentina no ha tenido conciencia de decomiso, no tenemos figuras civiles. Yo tengo la convicción que la sociedad espera las penas, pero también que vuelva la plata de lo que robaron”, se le escuchó decir a Luciani en alguna de sus presentaciones. Pero, más allá de la teoría, en la práctica concreta, de lo que se trata en este caso es de cobrar una suma varias veces millonaria a Cristina Kirchner, Báez, José López, Nelson Periotti, Raúl Pavesi y Raúl Daruich, todos con penas en la causa Vialidad. La expresidenta tiene algunos inmuebles en el sur y mantiene a salvo los domicilios donde vivió y donde cumple prisión domiciliaria. Justamente, el camino de ir por esos bienes es el que han iniciado los fiscales. Por ahora, responderá con una decena de departamentos en Río Gallegos que tienen una historia particular. El 10 de junio del 2005 se constituyó un fideicomiso de 10 departamentos en el que Néstor y Cristina Kirchner fueron representados por su hijo Máximo. El terreno era del expresidente -parcela 2B, de 381 mts2- y Báez se constituyó en inversor y aportó $710.000 para la construcción de los inmuebles. Báez realizó la obra con su empresa Austral Construcciones y la concluyó en 2007. Inicialmente, el contrato establecía que se repartirían los departamentos en partes iguales. Pero, al final de la obra, Báez le vendió sus cinco departamentos y Kirchner pagó $350.000, la mitad de lo que el empresario había invertido en la construcción. El fideicomiso quedó acreditado en las declaraciones juradas que presentó Néstor Kirchner como presidente en 2007. Tras venderle sus cinco departamentos a Kirchner, Báez se los alquiló y allí durante años se “alojaron” los cargos gerenciales de Austral Construcciones. Los departamentos se encuentran ubicados sobre la calle Mitre, en la zona céntrica de Río Gallegos, a pocos metros de la Legislatura provincial. Las diez unidades que comparten matrícula catastral, después de la sucesión, ingresaron al patrimonio de Máximo y Florencia.

Para 2006, Cristina Kirchner necesitaba ampliar el hotel Los Sauces, y lo hizo sobre la quinta 10, que era de Báez, para lo cual concretaron una permuta. ¿Qué le dio? La mitad del condominio de casi nueve hectáreas en El Calafate, que quedó inscripto a nombre de Austral Construcciones. En 2013, LA NACION reveló el informe de dominio conjunto y quedó en evidencia el estrecho vínculo comercial que mantenía la entonces presidenta y su constructor favorito. Con el tiempo, ella convirtió a sus hijos en condóminos de Báez al transferir el terreno. Finalmente, el 50% de Báez fue a remate dentro del expediente judicial de la quiebra de la constructora. El terreno había sido adquirido por un precio irrisorio como tierras fiscales en 2006. Hasta ahora nunca se construyó nada en el lugar. El único terreno que Cristina Kirchner mantuvo a su nombre es el lote 2 de la manzana 801 de 6000 metros cuadrados, ubicado en lo alto del Barrio Aeropuerto Viejo de El Calafate. Curiosamente, la expresidenta lo compró en septiembre de 2006, representada por su hijo Máximo Kirchner, y lo cedió a Austral Construcciones, como parte de pago por el trabajo que la firma realizaba en la ampliación del hotel Los Sauces. El terreno había sido adquirido como tierra fiscal y, según los registros, lo hizo valer 45 veces su precio original. La operatoria fue publicada por LA NACION en 2016. En el acta se acordó que el pago a Báez era por $1.644.570 más IVA, cuando ella lo había comprado por $35.000. Sin embargo, el terreno nunca fue transferido a nombre del empresario ni de su constructora.
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Lázaro BáezEmpresario



Avance sobre los bienes de Báez. Los edificios de departamentos de Austral Construcciones, ambos en el barrio de Núñez, ya fueron rematados; la casa de El Calafate, donde el empresario cumplió prisión domiciliaria, podría ser decomisada
La historia de los hoteles
De acuerdo a los datos notariales de los ocho terrenos que se decomisarán, sobre tres están construidos dos hoteles. En uno de ellos se erige Las Dunas, cuya ampliación tuvo a cargo Báez, que luego alquiló a través de su empresa Valle Mitre SA junto a los hoteles Alto Calafate y La Aldea, en El Chaltén. En 2013, después de las sospechas de lavado de dinero, fue apartado de la gerencia y todo forma parte de la causa Hotesur-Los Sauces. Sobre otros dos terrenos listados para decomisar, se encuentra el hotel Los Sauces, que estuvo alquilado a Juan Carlos Relats, hasta que cerró definitivamente en 2016 luego de quedar envuelto en otra causa judicial. Por ahora, las casas que la familia tiene en El Calafate, Río Gallegos y los departamentos en Buenos Aires no han sido decomisados. Ahora, en una segunda tanda, los fiscales Luciani y Mola analizan incluir otras propiedades, entre las que se encuentra el antiguo departamento de Constitución, de unos 232 metros cuadrados, comprado en 2010 por un poco más de 300.000 dólares, donde la expresidenta cumple la prisión domiciliaria. El inmueble está inscripto a nombre de Hotesur, una empresa que ahora pertenece a Máximo y Florencia Kirchner, cuyos bienes están embargados en una causa paralela por lavado de dinero, donde los acusados son la propia Cristina Kirchner y su hijo diputado. En la resolución del 18 de noviembre, los jueces avanzaron en una línea cercana a la que piden los fiscales. Consideraron que para llevar a cabo el decomiso no se sigue una “trazabilidad científica”, sino que alcanza con acreditar la coincidencia temporal y la razonabilidad económica. Para Jorge Gorini, Rodrigo Giménez Uriburu y Andrés Basso, la medida persigue que el delito no rinda frutos y llegue tanto al producto directo como a “ganancias derivadas, bienes transformados, sustituidos o mezclados”. Eso no es todo: también debería alcanzar a personas no condenadas, como los hijos de la expresidenta, siempre que se hayan beneficiado patrimonialmente con el dinero de la defraudación. Esa podría ser la puerta por la que se filtre el pedido de los fiscales.
Lázaro, fortunas y quiebra
La quiebra de Austral Construcciones, que remató casi la totalidad de los bienes, ya derivó en tres distribuciones de fondos entre sus acreedores desde que se inició el proceso hace siete años. El primer monto fue por aproximadamente $2600 millones en 2022 y la principal destinataria fue la AFIP, con cerca de $1500 millones. El resto se otorgó a organismos del Estado y sindicatos, entre ellos el Banco Nación, la Uocra y Vialidad Nacional, además de acreedores presentados en el proceso. El crédito verificado en la quiebra de Austral Construcciones a 2022 ascendía a $4347 millones, además de unos $60 millones por créditos laborales. Según fuentes de la sindicatura del concurso, aún resta distribuir todo lo que fue vendido a partir del 23 de diciembre del 2023, cuando se abrió un conflicto de intereses con el Tribunal Oral Federal 5. La sindicatura liquidadora, tras la resolución de aquel conflicto, se encuentra preparando el cuarto informe de distribución de fondos, donde además se incorporarán los intereses generados por estas ventas y se podrá conocer el monto total de lo recaudado desde esa fecha en adelante para determinar, o no, el cierre de la quiebra. Aún quedarán algunos otros bienes para rematar entre rodados y maquinarias en algunos incidentes, así como el único inmueble que resta liquidar de la quiebra, una parcela en Rio Gallegos frente al obrador central recientemente adjudicado a la provincia de Santa Cruz. Claro que Báez no solo tenía propiedades y rodados a nombre de Austral Construcciones, sino que también hay un paquete importante de bienes, con estancias, estaciones de servicios y varios lotes, cuyos dueños son sociedades que no fueron alcanzadas por la quiebra, cuyos socios son integrantes de su familia. Allí deberán dirigir su mirada los fiscales. Mientras tanto, recuperar el dinero parece una tarea titánica. Como dice Luciani, machete en mano, se desmaleza el sistema de decomiso para darle respuesta a una gran parte de la sociedad, que quiere que regrese al Estado lo que se ha robado.

